Bajo Crecimiento ¿un tropiezo o un cambio de ciclo?
- Enfoque Revista
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La economía mexicana entra en una fase de bajo crecimiento que expone debilidades estructurales no resueltas. Más que un ajuste temporal, la desaceleración evidencia la falta de inversión, incertidumbre y dinamismo interno.
México desacelera: más que un ajuste, un problema estructural
La desaceleración económica de México en 2026 no es un fenómeno aislado ni coyuntural. Es el resultado de una serie de limitaciones estructurales que el país ha arrastrado durante años y que hoy se reflejan en un crecimiento insuficiente.
El problema no es que la economía deje de crecer.
El problema es que crece demasiado poco.

Un crecimiento que no alcanza
Las proyecciones apuntan a un crecimiento cercano al 1.5%–2% para 2026. En términos técnicos, esto evita una recesión. En términos económicos, es insuficiente.
Un país con las características de México requiere tasas superiores al 3% para generar empleo, elevar productividad y mejorar el ingreso real. Estar por debajo de ese umbral implica, en la práctica, estancamiento.
Lo preocupante no es el dato puntual, sino la tendencia: varios años consecutivos de crecimiento limitado.
Demanda interna debilitada
El mercado interno muestra señales claras de agotamiento. La inflación, aunque contenida, sigue presionando el poder adquisitivo. A esto se suma un entorno de tasas de interés elevadas que ha encarecido el crédito tanto para consumidores como para empresas.
El consumo pierde dinamismo y la inversión privada se mantiene cautelosa.
Sin una demanda interna sólida, el crecimiento económico pierde uno de sus principales motores.
Dependencia externa: una vulnerabilidad persistente
México mantiene una alta dependencia del ciclo económico de Estados Unidos. Esta relación, aunque estratégica, también representa un riesgo estructural.
La incertidumbre en torno al T-MEC, las tensiones comerciales y la desaceleración global impactan directamente en exportaciones, inversión y expectativas.
El país no controla estas variables, pero sí depende de ellas.

Entre el riesgo y la oportunidad
A pesar del entorno complejo, existen catalizadores importantes. El fenómeno del nearshoring sigue posicionando a México como un destino estratégico para la relocalización de cadenas productivas.
Además, eventos de escala internacional —como el Mundial de 2026— y proyectos de infraestructura podrían detonar inversión y dinamismo económico en regiones clave.
La pregunta no es si existen oportunidades, sino si el país está listo para capitalizarlas.
El fenómeno del nearshoring ha sido presentado como una oportunidad histórica. Sin embargo, su impacto aún es limitado frente frente al tamaño de la economía.
La razón es clara: falta de infraestructura, retos regulatorios y un entorno de negocios que no siempre genera la confianza necesaria.
El potencial existe, pero no se está aprovechando al ritmo esperado.
El problema de fondo: inversión insuficiente
El principal obstáculo para el crecimiento de México sigue siendo la baja inversión. Sin un aumento sostenido en este indicador, cualquier expectativa de expansión relevante es poco realista.
La inversión no crece sin certidumbre. Y la certidumbre no se construye sin reglas claras, estabilidad regulatoria y condiciones competitivas.
Este sigue siendo el pendiente más crítico.
Normalizar el bajo crecimiento: el mayor riesgo
El verdadero problema no es la desaceleración en sí. Es la posibilidad de que se vuelva estructural y termine por normalizarse.
Una economía que crece por debajo de su potencial durante periodos prolongados pierde competitividad, limita el desarrollo y reduce oportunidades.
México no enfrenta una crisis inmediata. Pero sí enfrenta un riesgo de mediano plazo: acostumbrarse a crecer poco.

Claves ejecutivas 2026
1. Crecimiento moderado: México mantendrá una expansión limitada, por debajo de su potencial.
2. Consumo contenido: La inflación y el costo del crédito seguirán afectando el gasto de los hogares.
3. Inversión como prioridad: El crecimiento de largo plazo dependerá de mejorar el entorno para invertir.
4. Nearshoring, oportunidad latente: México sigue siendo clave en la reconfiguración global de cadenas productivas.
5. Factor externo determinante: Estados Unidos y el comercio internacional marcarán el ritmo económico.
6. Momento de decisiones: El contexto actual exige ajustes estratégicos más que medidas reactivas.







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