Jardín de Abba: flores que tienen algo que decir
- Enfoque Revista
- hace 6 horas
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El jardín de Abba nos ense{a que un detalle floral puede ser mucho más que un regalo. En esta galería de Toluca, cada arreglo nace de una experiencia espiritual y busca provocar una pausa, una reflexión y, sobre todo, recordar que nunca estamos solos.
Hay flores que simplemente decoran un espacio y hay otras que parecen guardar una historia.
Para quien está buscando un detalle diferente —uno que acompañe una celebración, una despedida, un agradecimiento o simplemente diga “estoy pensando en ti”— existe un lugar en Toluca donde elegir un arreglo floral puede convertirse en una experiencia mucho más personal.
Jardín de Abba nace de una idea de Ana Martha Barbabosa Monroy: acercar a Dios a las personas a través de algo tan cotidiano y universal como la naturaleza.
Su propuesta no parte únicamente de la estética floral. Cada composición busca transmitir un mensaje y provocar una emoción en quien la recibe. Detrás de cada arreglo existe una experiencia, una reflexión o un encuentro con Dios y, en algunos casos, con distintos santos que han formado parte del camino espiritual de su creadora.
Por eso, aquí las flores no son solamente un adorno.
Tienen un propósito.

Un jardín para detenerse
En una época en la que regalar flores puede convertirse en una compra rápida, Jardín de Abba propone algo diferente: detenerse a mirar.
Observar una flor, sus formas, sus texturas y aquello que permanece incluso después de que pierde su color original.
La galería trabaja también con elementos de naturaleza muerta y flores deshidratadas, materiales que adquieren una nueva vida dentro de cada composición y que, para Ana Martha, representan algo más profundo: la naturaleza como una maestra capaz de hablarnos si aprendemos a observarla.
Muchos de los materiales provienen directamente del campo. Su selección y conservación forman parte de un proceso artesanal que busca respetar las características propias de cada elemento.
Y es precisamente ahí donde aparece uno de los conceptos centrales de Jardín de Abba: la naturaleza puede convertirse en un camino para escuchar.
No necesariamente escuchar una respuesta inmediata, sino aprender a hacer una pausa, observar y encontrar significado en aquello que normalmente pasa desapercibido.
Un arreglo que habla por ti
La propuesta adquiere todavía más sentido cuando se trata de elegir un regalo.
En Jardín de Abba es posible encontrar arreglos ya creados, pero también solicitar una composición especial con anticipación.

La intención es que el resultado no sea simplemente “un arreglo bonito”, sino una pieza que represente lo que alguien quiere decir y, muchas veces, no encuentra cómo expresar con palabras.
Por ello, los diseños personalizados requieren tiempo. La idea es conocer la intención detrás del regalo y construir una composición única, relacionada con aquello que se lleva en el corazón.
Para solicitar un arreglo especial se recomienda hacerlo con al menos una semana de anticipación.
Así, regalar flores deja de ser un gesto automático y puede convertirse en una forma de decir: te veo, te escucho, estoy contigo, gracias o no estás solo.

Cuando las flores se convierten en reflexión
El propósito de Jardín de Abba va incluso más allá de los arreglos.
La galería también contempla la realización de talleres espirituales y terapéuticos, en los que la naturaleza vuelve a convertirse en el punto de partida.
Una de las experiencias propuestas comienza desde el campo: salir a buscar materiales, conocerlos, recolectarlos y aprender el proceso de deshidratación.
Pero el objetivo final no es aprender únicamente una técnica floral.
Es hacer de ese recorrido una oportunidad para reflexionar.
¿Qué nos quiere decir la naturaleza? ¿Qué estamos dejando de observar? ¿Qué necesitamos agradecer? ¿Qué está pasando dentro de nosotros?

La experiencia busca que el participante pueda relacionar ese contacto con la naturaleza con una dimensión espiritual y personal, encontrando en lo cotidiano una oportunidad para detenerse y escuchar.
Una propuesta que nace desde la fe
La dimensión espiritual de este proyecto estuvo presente desde sus primeros pasos. Durante la inauguración de Jardín de Abba, el espacio recibió la bendición de Mons. Raúl Gómez González, Arzobispo de Toluca, como un gesto que acompañó el comienzo de esta propuesta y su intención de acercar un mensaje de fe a través de la naturaleza.
Sin embargo, la esencia del proyecto no está en un acto particular, sino en lo que sucede después: en cada persona que entra, en cada arreglo que se elige y en cada historia que acompaña a las flores.
Porque para Ana Martha, acercar a Dios también puede suceder a través de aquello que tenemos frente a los ojos todos los días y que, muchas veces, dejamos de mirar.
Que nadie salga igual a como entró
Quizá la intención más especial de Jardín de Abba sea precisamente esa.
Que una persona entre buscando un regalo y salga con una reflexión.

Que quien reciba un arreglo no solamente vea flores, sino que encuentre en ellas un mensaje.
Que la belleza pueda convertirse en un recordatorio de las cosas que realmente importan: agradecer la vida, tener esperanza, valorar los vínculos y entender que incluso los momentos difíciles pueden tener un propósito.
Desde esta mirada, estar cerca de Dios no necesariamente tiene que comenzar con una gran respuesta. Puede comenzar con algo mucho más sencillo: prestar atención.
A una flor.
A un árbol.
A una conversación.
A una persona.
A ese pequeño instante que normalmente dejamos pasar.
Porque para Jardín de Abba, Dios tiene muchos caminos para llegar a las personas. Y uno de ellos puede encontrarse precisamente en la naturaleza.

Un detalle con significado
Ubicada en Juárez Norte 204, entre Lerdo e Independencia, en Estación San José, Toluca, Jardín de Abba recibe visitantes en un horario aproximado de 10:30 a 16:00–17:00 horas. También es posible acudir mediante cita especial por WhatsApp.
Más que una galería floral convencional, la propuesta de Ana Martha Barbabosa Monroy invita a mirar los arreglos desde otro lugar: no solamente preguntarse “¿qué flores le gustan?”, sino “¿qué quiero decirle?”
Porque a veces un detalle no necesita ser grande para quedarse con nosotros.
Solo necesita tener un significado.
Y quizá esa sea la esencia de Jardín de Abba: crear flores que no solamente se entregan, sino que cuentan algo de quien las regala, de quien las recibe y del momento que ambos están viviendo.








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