Trump llega a China buscando un "respiro" tras la guerra
- Enfoque Revista
- hace 17 horas
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Con la popularidad golpeada por el conflicto con Irán y los tribunales frenando su guerra comercial, Donald Trump aterriza en Pekín para rescatar su imagen antes de las elecciones de noviembre
Hace apenas un año, el panorama era de confrontación total. En abril de 2025, Donald Trump aseguraba vía Truth Social que sus aranceles de tres dígitos harían que China comprendiera que los días de "explotar" a Estados Unidos habían terminado. Hoy, la realidad es otra: el mandatario viaja a Pekín esta semana no para "doblegar" a su rival, sino para buscar una victoria diplomática que le urge tras una guerra con Irán que ha desgastado su capital político.

El cambio de guion:
Las reuniones con Xi Jinping programadas para el 14 y 15 de mayo serán las primeras desde la tregua de octubre. Sin embargo, los analistas coinciden en que los papeles se han invertido. Como señala Alejandro Reyes, especialista en política exterior de la Universidad de Hong Kong: "Trump necesita a China más de lo que China lo necesita a él".
Tras el cierre casi total del estrecho de Ormuz y el desplome de su popularidad por el conflicto iraní, Trump busca proyectarse como un garante de la estabilidad global y no solo como un factor de disrupción.
La agenda de Trump
Atrás quedaron las promesas de una reestructuración total del comercio global. Las expectativas para esta cumbre son, en el mejor de los casos, discretas: Acuerdos específicos para la exportación de frijol, carne de res y aviones Boeing, mecanismos para administrar el comercio futuro en lugar de desmantelar barreras y Ayuda con Irán, pues Trump buscará que Pekín utilice su influencia para ayudar a resolver el enquistado conflicto en Medio Oriente.
Mientras Trump lidiaba con fallos judiciales internos que invalidaron varios de sus aranceles, China jugó sus cartas con discreción y firmeza. La restricción de exportaciones de tierras raras fue el movimiento maestro de Xi Jinping, exponiendo la vulnerabilidad de Occidente en la fabricación de todo, desde misiles hasta los Tesla de Elon Musk, quien —junto a Tim Cook de Apple— acompañan al presidente en este viaje a china.

Y así, a la mala, fue como Donald Trump descubrió que los aranceles no son balas de plata, especialmente cuando el suministro de minerales críticos para tu propia industria tecnológica está en manos del "enemigo". Si logra regresar de Pekín con acuerdos mínimos y un compromiso de ayuda en el Golfo Pérsico, podrá venderlo como un triunfo de estabilidad. Si no, China habrá demostrado que el tiempo y la paciencia estratégica vencen a la grandilocuencia.







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