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El racismo como rutina: Trump comparte video dónde compara a Barack y Michelle Obama con simios.


Tras publicar un video deshumanizante que retrataba a los Obama como simios, la Casa Blanca intentó disfrazar el racismo de "humor". En un clima de persecución y deportaciones, el insulto ya no es un error, es un mensaje.


La noticia que circuló este viernes no causó el estruendo que habría provocado hace una década. Y ese es, precisamente, el mayor de los problemas. Donald Trump publicó en su cuenta de Truth Social un video que representaba al expresidente Barack Obama y a la ex primera dama Michelle Obama como simios. La publicación permaneció en línea durante 12 horas antes de ser eliminada, tiempo suficiente para que el mensaje de deshumanización cumpliera su cometido.

 


Yo no fui, fue teté


Como ha sucedido en ocasiones anteriores, la Casa Blanca pasó de la defensa agresiva al deslinde técnico. Primero, la portavoz Karoline Leavitt desestimó las críticas calificándolas de "falsa indignación" y asegurando que se trataba de un simple meme basado en El Rey León. Sin embargo, ante la presión incluso de legisladores republicanos, la narrativa cambió: se culpó a un miembro del personal por publicar el video "erróneamente".


Puntos clave del incidente:

  • La duración: El video estuvo expuesto 12 horas, lo que en tiempos de redes sociales equivale a una eternidad.

  • El patrón: No es un caso aislado; es la continuación de constantes ataques del presidente Trump al expresidente que comenzó hace años cuando perdió las elecciones contra Joe Biden.

  • La justificación: Intentar justificar el video y comparar un insulto racial con una parodia de Disney es un insulto a la inteligencia colectiva.



Un clima de hostilidad para 2026


Este suceso no ocurre en el vacío. Se da en un 2026 marcado por una retórica de ataques sistemáticos e intensificación de las deportaciones a personas extranjeras o que “no pertenecen a América” solo por no cumplir con las normas estéticas que un grupo de ciudadanos blancos impone. Cuando un gobierno utiliza sus plataformas oficiales para promover mensajes que reflejan supremacismo blanco o deshumanizan a sus opositores por su color de piel, está validando una violencia simbólica que se contagia a toda la población.


Desde el Departamento de Trabajo hasta el de Seguridad Nacional, han sido constantes en el uso de lemas y simbología racista y discriminatoria.  Al parecer la provocación se ha vuelto el modus operandi de la administración del presidente Trump. El racismo, en este contexto, no es un descuido de un pasante; es una herramienta de cohesión para una base política que se alimenta del conflicto y que constantemente busca enviar un mensaje claro “America debe ser blanca para ser grande otra vez”.


Cuando la máxima autoridad de un país normaliza el insulto racial, ataca a los que piensan diferente y dispara a los que protestan contra su forma de gobernar, el respeto a la dignidad humana deja de ser una garantía y se convierte en una opción.

 

El racismo no es un meme. No es un error de un administrador de redes sociales. Es una ideología que, cuando se permite en las esferas más altas del poder, corroe el tejido social de manera irreversible. En cualquier parte del mundo, la postura debe ser clara: el respeto a la dignidad humana no es negociable, ni siquiera bajo la máscara de la sátira política.

 

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