ROCÍO PEGUEROS & RICARDO MORENO: UNA HISTORIA QUE SE SOSTIENE
- Enfoque Revista
- hace 2 días
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En una época donde todo es reemplazable, Rocío y Ricardo construyeron lo improbable: una historia que resiste, evoluciona y se sostiene más alla del tiempo, del desgaste y de la vida pública.
“Tomar la decisión de seguir juntos ante cualquier adversidad.”
Hay relaciones que empiezan. Y hay otras que se construyen: La de Rocío Pegueros y Ricardo Moreno son las que se van cimentando a lo largo de los años.

Su historia comenzó un 2 de junio de 1995, en San José Iturbide. Sabían, desde el inicio, que compartían algo más profundo que una simple coincidencia. Porque lo que tienen hoy no se explica con un inicio; se explica con el tiempo, con los días buenos, con los días difíciles y principalmente con las veces en las que hubiera sido más fácil soltar… y no lo hicieron.

DONDE EMPIEZA LO QUE REALMENTE IMPORTA
Ellos no hablan de una historia perfecta. Hablan de una historia que decidieron no abandonar. Como quien ya entendió que el amor, cuando es de verdad, no es solo lo que se siente, sino es lo que se sostiene con el tiempo.
Admiraron, dicen, “el deseo genuino de ayudar a los demás”, pero también algo menos evidente y quizá más importante: la capacidad de soñar despiertos.
Al principio había cosas en común, sí. El sentido del humor, esa manera de ver la vida con un poco de ligereza y con un poco de ilusión. Pero eso no es lo que los mantiene juntos.
Lo que realmente los ha mantenido unidos es todo lo que vino después: Aprender a conocerse nuevamente cuando ya no eran los mismos, aprender hablar cuando no era fácil, aprender a quedarse incluso cuando el momento no era el mejor.
Su historia no se cuenta en eventos aislados, sino en la forma en la que han estado presentes el uno para el otro. En lo difícil, sí. Pero también en lo cotidiano Porque acompañarse —de verdad— no es solo sostener al otro cuando todo se rompe. Es también estar cuando todo está bien.
“Nos hemos acompañado con apoyo, comprensión y, sobre todo, dando contención en los momentos difíciles, pero también en los felices”-Rocío Pegueros y Ricardo Moreno
Esa doble dimensión, la del dolor y la de la alegría, es la que convierte una relación en un hogar.

LA FAMILIA COMO RAÍZ
Para ellos, la familia no es una extensión de la vida. Es su centro.
No lo dicen desde el discurso, sino desde la forma en la que organizan su tiempo, sus decisiones, su manera de estar en el mundo. La describen como “el puerto seguro”, pero en realidad es algo más complejo: es el lugar donde todo cobra sentido.
Su dinámica no responde a fórmulas rígidas. Hablan de una estructura abierta, de confianza, de límites claros pero construidos desde el respeto. Una familia donde cada integrante tiene su espacio, pero donde el tiempo compartido sigue siendo prioridad.
En una época donde la velocidad redefine casi todo, ellos han decidido ir en sentido contrario. Detenerse.
“Nuestro mayor aprendizaje como padres ha sido disfrutar el aquí y el ahora.”
La frase podría parecer simple, pero implica una renuncia profunda: la de vivir proyectando el futuro en lugar de habitar el presente. Y eso, en sí mismo, es una forma de resistencia.

ROCÍO: LA MATERNIDAD COMO TRANSFORMACIÓN
Para Rocío, la maternidad no fue una transición gradual. Fue un giro total.
“Fue un cambio de 180 grados, pero es el regalo más grande que he tenido en mi vida.”
Hay en su forma de hablar una mezcla de firmeza y sensibilidad. Se reconoce como una madre conservadora, tradicionalista incluso, pero no desconectada de su tiempo. Entiende que educar hoy implica algo distinto a lo que fue antes. Quizá el mayor reto, admite, ha sido aprender a soltar.
Permitir que sus hijos construyan su propio camino, aun cuando eso implique aceptar decisiones que no siempre coinciden con las suyas. Esa tensión —entre proteger y liberar— es una de las más complejas en la maternidad contemporánea, pero también es una de las más necesarias.
Porque en el fondo, su propósito no es formar hijos que dependan, sino personas que se sostengan por sí mismas.
“Quiero que aprendan a amarse y a respetarse, para que el adulto del día de mañana no se arrepienta de sus decisiones de hoy”- Rocío Pegueros. Presidenta Honoraria del DIF Toluca
No habla de éxito. Habla de coherencia. Y eso cambia todo.

RICARDO: LA PATERNIDAD COMO RECONSTRUCCIÓN
En Ricardo, la paternidad aparece como un punto de inflexión.
No solo en lo emocional, sino en lo estructural. Su vida, dice, se reorganizó por completo. Sus prioridades cambiaron, sus decisiones comenzaron a tener otra dimensión, su forma de proyectarse dejó de ser individual.
Pero hay un detalle que redefine su historia: sus hijos no llegaron de inmediato. Tardaron diez años.
Ese tiempo, lejos de ser un vacío, se convirtió en una espera que transformó el significado de su llegada.
“Ser padre ha sido la experiencia más maravillosa en mi vida.” asegura Ricardo. Desde ahí, todo adquirió otra perspectiva. No desde la idealización, sino desde la conciencia.
Ricardo habla de educar en libertad, pero con responsabilidad. De no imponer modelos, de permitir que cada uno de sus hijos descubra quién es. Y en ese proceso, también ha aprendido.
“Mis hijos me han enseñado a entender a otros jóvenes. A adaptarme a los cambios.” Ricardo Moreno- Presidente Municipal de Toluca
Hay algo particularmente revelador en su visión: no se coloca solo como formador, sino también como aprendiz. Y esa reciprocidad es lo que convierte la paternidad en algo vivo.

UN EQUIPO, NO UNA FÓRMULA
Si algo sostiene esta historia es la forma en la que se complementan. No desde la igualdad, sino desde la diferencia.
Rocío aporta estructura, contención, una mirada más conservadora. Ricardo, en cambio, introduce flexibilidad, apertura, una visión más liberal. Lejos de chocar, esas diferencias han construido equilibrio.
No se anulan. Se ajustan.
“Somos un gran equipo y siempre estamos dispuestos a escuchar.”
Esa disposición —escuchar antes que imponer— es quizá una de las razones por las que su dinámica funciona.
Incluso en la toma de decisiones importantes, el método rompe con lo tradicional: Involucran a sus hijos, para hablar, debatir y seguir construyendo en familia.
En un entorno donde muchas veces la autoridad se ejerce sin diálogo, ellos han optado por algo distinto: formar desde la participación.
EL VALOR DE LO ÍNTIMO
En medio de agendas demandantes, compromisos públicos y responsabilidades constantes, han establecido una regla simple pero poderosa:
En casa, no se habla de trabajo. No es una evasión. Es una decisión. Una forma de proteger ese espacio donde lo importante no se negocia.
“En nuestro hogar nos enfocamos en nosotros y en nuestros hijos.”
Ese límite —claro, consciente— es lo que les permite sostener su vida familiar sin que lo externo la invada por completo.Celebran cumpleaños, comen juntos los domingos, van al cine. Hacen un espacio para convivir en familia, podría parecer algo básico pero en realidad, es profundamente intencional.

LO QUE PERMANECE
Cuando se les pregunta por el legado, no hablan de logros materiales ni de reconocimiento. Hablan de disciplina, de constancia, de trabajo.
De enseñar que nada llega sin esfuerzo. Pero también de algo más esencial: que, incluso en medio de la dificultad, la familia permanece.
“Que no importan las tormentas, siempre podrán contar con nosotros.” Esa certeza —la de no estar solos— es probablemente el mayor patrimonio que pueden dejar.EL PILAR DE TODO
Hay una escena que no aparece en fotografías ni en discursos. No tiene fecha ni lugar específico. Pero está presente en toda su historia.
Es la de dos personas que, a lo largo del tiempo, han decidido seguir eligiéndose.
No por inercia, no por obligación. Sino por convicción. Porque entendieron que el amor no es un punto de llegada, sino una práctica constante. Una construcción diaria, a veces silenciosa, a veces compleja, pero siempre consciente.
Si tuvieran que definir su familia en una palabra, no dudan: “Fuerza”. No como dureza, sino como capacidad de sostenerse, de adaptarse y de permanecer.
En un mundo que cambia a una velocidad que muchas veces desdibuja lo esencial, su historia no pretende ser ejemplo ni modelo. Pero sí ofrece algo cada vez más escaso: Una pausa, un recordatorio.
“Pongan freno en sus vidas. Deténganse a vivir y a sentir.”
Porque al final, cuando todo lo demás cambia, hay algo que sigue siendo cierto: El verdadero éxito no está en lo que se logra afuera. Está en lo que se construye adentro.
Y en esa construcción —íntima, imperfecta, profundamente humana— es donde Rocío y Ricardo han encontrado su lugar.








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