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Fracking "Sustentable": La propuesta de Sheinbaum para extraer gas de forma ‘responsable’

La presidenta Claudia Sheinbaum apuesta por una fracturación hidráulica "amigable" para reducir la dependencia del gas texano. Sin embargo, científicos y ONGs advierten que el tinte verde no quita los riesgos del subsuelo.

 

En un movimiento que ha levantado tantas cejas como expectativas, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo anunció el pasado 8 de abril un giro significativo en la política energética de México. La apuesta: el fracking, pero bajo una nueva etiqueta de "tecnología sustentable".


fracking vía pexels

El objetivo es ambicioso: triplicar la producción de gas natural (pasando de dos mil a seis mil millones de pies cúbicos diarios) para dejar de mirar hacia Texas, de donde hoy proviene el 75% del gas que consumimos.

 

Sheinbaum, científica experta en cambio climático, reconoció su histórica oposición al fracking tradicional. Sin embargo, justificó su nueva postura alegando que la tecnología ha evolucionado:


"Toda mi vida hablé en contra del fracking tradicional... No, ese no. Son nuevas tecnologías de explotación con menores impactos ambientales que nos abren la posibilidad de utilizar ese gas".


¿En qué consiste el "Fracking Amigable"?

A diferencia del método convencional —prohibido por la administración de AMLO por sus riesgos sísmicos y contaminación de agua—, la propuesta actual sugiere:


  • Componentes biodegradables: Sustitución de químicos tóxicos por sustancias orgánicas para fracturar la roca.

  • Reciclaje hídrico: Uso de agua tratada, agua de mar o incluso agua proveniente de minas de carbón para no comprometer el agua dulce de las comunidades.

  • Contratos Mixtos: Operaciones vía Pemex y la Secretaría de Energía, asegurando que el recurso no pase a manos privadas.


planta de gas vía pexels

Expertos alzan la voz

No todos comparten el optimismo de Palacio Nacional. Más de 80 organizaciones, encabezadas por la Alianza Mexicana contra el Fracking, lanzaron un mensaje contundente: "El fracking sustentable no existe".


Sus puntos de fricción:

  1. Evidencia Científica: Las ONGs citan más de 2,300 estudios que demuestran daños irreversibles en acuíferos y sismos inducidos, independientemente de los químicos usados.

  2. Costos Exorbitantes: Especialistas señalan que reciclar agua o usar agua de mar eleva el costo de cada pozo entre 5 y 10 millones de dólares, lo que podría hacer el gas mexicano más caro que el importado.

  3. Reservas Menguantes: Algunos analistas sugieren que, incluso extrayendo todo el gas no convencional, México no alcanzaría a cubrir su demanda interna a largo plazo.


¿Hacia dónde vamos?

Para resolver el dilema, la mandataria propuso la creación de un comité de expertos que evaluará la viabilidad técnica y económica de esta técnica en un plazo de dos meses. Mientras tanto, la prioridad seguirá siendo el gas convencional.


México se encuentra ante una encrucijada energética. Por un lado, la urgencia de no depender de la volatilidad política y económica de Estados Unidos; por el otro, el riesgo de abrir una "caja de Pandora" ambiental que la misma presidenta criticó durante décadas. El veredicto del comité científico en junio será el que defina si el país se fractura o se fortalece.

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